Hay lugares que simplemente existen… y otros que guardan memoria.
Al sur del Cerrito de San Cristóbal, emergiendo entre verdes humedales como si la naturaleza la hubiera elegido como su guardiana, se levanta la Hacienda La Kisst, conocida cariñosamente por los locales como la Casa Rosa de la Kisst.
Construida en el siglo XIX con piedra, ladrillo, madera y tejas de barro rojo, esta casona no solo es una joya arquitectónica: es un fragmento vivo de la historia de San Cristóbal de Las Casas.
Su nombre proviene del manantial cercano, “La Kisst”, palabra que resuena con agua, origen y permanencia.
Una propiedad con historia y linaje
En antiguos documentos catastrales de los siglos XIX y XX, la propiedad aparece registrada con una extensión de 70 hectáreas. Entre sus propietarios figuran nombres que marcaron época: José María Ramírez, Bonifacio Topete, Concepción Gutiérrez, Juan Espinosa Torres y Claudia Robles de Rodríguez en 1902.
En 1914, el señor Arcadio Coello Lara fue su dueño. Más tarde, la hacienda pasó a manos de Don Hernán Pedrero Argüello, uno de los empresarios más influyentes del siglo XX en la ciudad.
Pero aquí no solo se heredaban tierras.
Aquí se heredaban historias.
🏭 Cuando el pasado industrial marcó una época
Durante las décadas de 1950 y 1960, la hacienda se transformó en fábrica y centro de distribución de refrescos icónicos como “Sin Rival” y “Kisst”.
En los años setenta y ochenta, se convirtió en distribuidora local de Coca-Cola. Posteriormente, al abrirse la planta embotelladora en la zona, el sitio distribuyó marcas como Rey Paga y Orange Crush.
El bullicio de camiones, botellas y cajas reemplazó momentáneamente el silencio de los humedales.
Hasta que en 1973 cesaron sus operaciones y el edificio quedó en pausa… como esperando su siguiente capítulo.
En 2013, renació como sede de la Escuela Taller de Artes y Oficios de San Cristóbal de Las Casas, devolviéndole su vocación comunitaria.
El corazón del agua de San Cristóbal
La Hacienda La Kisst no solo tiene historia. Tiene territorio sagrado.
Se ubica dentro de una zona declarada en enero de 2024 como Área de Protección de Flora y Fauna, resguardando 215 hectáreas vitales para el equilibrio ecológico regional.
Los humedales que la rodean son conocidos como el “corazón del agua de San Cristóbal”, fundamentales para el abastecimiento y equilibrio del Valle de Jovel, donde viven más de 200 mil personas.
Aquí, la arquitectura conversa con la naturaleza.
Y el pasado dialoga con el futuro.
La Hacienda La Kisst hoy: historia que se vive
Hoy, la Casa Rosa no es un recuerdo: es un escenario vivo.
- Tres salones en planta alta
- Tres salones en planta baja
- Amplio jardín lleno de luz natural
- Baños renovados
- Área de montaje para eventos
- Estacionamiento anexo
Cada rincón tiene historia.
Cada evento, un toque de magia.
Es el espacio ideal para:
- Eventos sociales
- Sesiones fotográficas
- Lanzamientos de marca
- Reuniones privadas
- Celebraciones íntimas
La elegancia del siglo XIX se mezcla con la calidez de un espacio que respira presente.
Un lugar que no solo se visita… se siente
La Hacienda La Kisst es más que una construcción antigua.
Es memoria, industria, agua, comunidad y belleza natural convergiendo en un solo punto.
En una ciudad llena de historia como San Cristóbal, pocos lugares logran reunir pasado, naturaleza y futuro con tanta armonía.
Y eso la convierte en un verdadero tesoro.